Encuentro Matrimonial Mundial ha venido entregando notas sobre la Mentalidad de todo aquello para lo cual requiere que exista unidad. Tal vez por el deseo de atender lo más importante en primer lugar, para la estructura misma no se habían implementado los criterios que condujeran a una forma común de Organización. A partir de 1996 nuestro Secretariado Latinoamericano se ha empeñado en la ampliación e implementación de los criterios para renovar su estructura.
Los criterios, tal como están definidos en Encuentro Matrimonial Mundial, son decisiones fundamentadas en la mentalidad del movimiento y a los que debemos fidelidad para así lograr la unidad. No son decisiones personales, ni pueden estar inspiradas en fuentes distintas, ni orientarse al logro de otros objetivos.
Los criterios orientan la estructura en la dirección del cumplimiento de la Misión y Visión y van dando lugar a la formación de un pensamiento común, que permite tomar decisiones en un mismo sentido.
Una vez definidos y promulgados, los criterios empiezan a ser parte de la mentalidad que nos debe guiar, y por la misma razón, nuestra fidelidad al movimiento, a su misión, a su carisma, siendo sus instrumentos y sus legítimos líderes traduciéndose en un mejor caminar para toda la familia.
Si no actuamos fielmente frente a los criterios y la mentalidad del movimiento, no alcanzaremos la unidad y nuestra misión no pasará de ser una utopía. Por buenas que sean las intenciones, nuestras acciones nos apartarán y será muy difícil recoger en un mismo caminar a quienes van por senderos diferentes.
Es una invitación a la renovación personal. El Señor nos invita a renovarnos, a cambiar viejas actitudes y comportamientos que nos aíslan y distancian. Nos invita a ser personas nuevas, en plan de permanente conversión. Lo podemos hacer por el amor y mediante la acción del Espíritu Santo, que nos anima y fortalece.
Encuentro Matrimonial Mundial también nos invita a renovarnos para ser parte de un movimiento siempre nuevo, y para ello, nuestra renovación personal, como católicos, como esposos en nuestra relación y como Apóstoles de Jesucristo, siendo misioneros en nuestro movimiento, es fundamental.
Esto nunca podrá ser realidad si nos colocamos con frecuencia en nuestra zona de comodidad, o cuando nuestro SÍ al Señor es condicionado y nos volvemos hombres viejos por nuestras actitudes reaccionarías ante el cambio al que se nos llama.
Hay un momento en el que las energías del servidor que ha recorrido un camino largo y difícil se agotan, y debe pasar el callado a un nuevo pastor. Antes de hacerlo tiene el compromiso de formar, transmitiendo conocimientos y experiencias, a quienes han de seguir, debe delegar en la abundancia, antes que por falta de entusiasmo y fortaleza, que nuestra apertura nos permita no pensar que no tenemos nada que entregar.
A las nuevas generaciones se les debe aceptar y asumir gozosamente.
Hombres renovados son capaces de renovar las estructuras, y estructuras renovadas favorecen los cambios para la renovación de todos.
La renovación generacional que nos compromete a todos, nos invita a dar el paso a nuevos matrimonios y sacerdotes que llegan a integrar las filas de los servidores, con nuevos bríos, más frescura y novedad.
Encuentro Matrimonial Mundial no tiene interés en cambiar las estructuras, como quién cambia una decoración. El interés es proveer los medios para responder a necesidades reales que van surgiendo, a través de criterios objetivos.
Por eso, no se toman decisiones personales, ni como equipo, y sí lo hace en el ámbito del Consejo Mundial o el Consejo Latinoamericano, para contar con la representación de quienes conocen mejor estas necesidades.
Como hemos visto, la dirección de los Criterios de renovación apuntan hacia la renovación personal de quienes hemos sido llamados a prestar un servicio en la estructura.
Esta renovación nos llama a ser abiertos, dispuestos al cambio y por encima de todo, a ser fieles al Movimiento y a sus líderes.
La renovación personal nos lleva a la renovación de la estructura, que como lo hemos dicho muchas veces es la organización del amor, y nos pide creatividad en la unidad.
Esta invitación es a ser humildes y receptivos, a ser fieles a nuestros líderes, quienes recogen las inquietudes y necesidades de todos los países para tratar de dar la mejor respuesta a la familia unida, no a un solo país, pensando siempre en el bien común de nuestras comunidades.
Solo así podemos convencer al mundo, siendo una sola familia unida en el amor y la fidelidad, con una sola mentalidad y unos mismos criterios.
Consejo Latinoamericano, Agosto 2007
En este mundo moderno, donde todo se intelectualiza, contamos con este gran regalo del Señor que es ENCUENTRO MATRIMONIAL MUNDIAL, donde por encima de todo, cada uno representa a un ser humano con cualidades y muchos valores.
Cada matrimonio y Sacerdote Servidor tiene un gran valor para el Señor en donde lo más importante es ese gran deseo de servirle y de colaborar en la construcción del reino, Él ve en cada uno un instrumento de su amor, de su paz, con diferentes carismas pero unidos por un mismo sueño.
Cuántos seres maravillosos tenemos en nuestro movimiento poniendo su granito de arena para colaborar en la construcción de tantas relaciones matrimoniales, unos con su entrega total, otros con su sencillez, otros con su ternura y amor, otros con su humildad que despierta solidaridad y que nos retan con su simplicidad a ser más sencillos y humildes, otros con su claridad en los conceptos, otros con su capacidad de discernimiento y con la presencia de Dios en sus vidas, en donde inician siempre una reunión dando gracias al Altísimo y con la palabra de Dios en sus reuniones, pensamos que si iniciamos con la palabra de Dios y luego la complementamos con nuestro diálogo tendremos el balance perfecto y estaremos alimentando nuestro espíritu y nuestra relación .
A pesar de vivir cada día en un mundo más convulsionado existe este oasis de amor al que le debemos pedir al Señor nos conserve en él para bien de muchos matrimonios y el bien de nuestra relación matrimonial y en las relaciones con los que nos rodean.
Les pedimos seguir orando mucho por nuestro movimiento y que ningún viento nos aleje o nos confunda, sigamos pidiendo al Altísimo su luz, sabiduría y fuerza para servirle según su deseos; reconocemos que no es nada fácil, que cada día las ocupaciones, dificultades económicas, de tiempo, de relaciones con los que nos rodean, nos amenazan, pero pongamos en manos del Señor todas estas dificultades y preguntémosle. ¿Qué quieres de nosotros, Señor?
Hoy queremos reflexionar con ustedes acerca de un tema que tiene mucho que ver con nuestro apostolado en Encuentro Matrimonial Mundial: La Congruencia o la Coherencia, pues creemos que de darse ésta los demás querrán vivir este estilo de vida y querrán vivir el fin de semana.
Según el diccionario de la lengua española, Congruencia se define como relación lógica, y Coherencia como actitud lógica y consecuente con una posición anterior (por ejemplo: lo hago por coherencia con mis principios).
En términos prácticos, ser coherente y congruente es actuar de acuerdo a lo que pensamos o a lo que profesamos y/o predicamos.
Y en este tiempo nos preguntamos, y lo hacemos con todos ustedes: ¿Estamos siendo coherentes y congruentes con lo que pensamos o decimos?
Los queremos invitar para que lean con detenimiento esta carta del apóstol Santiago que nos invita a ser coherentes con lo que decimos y hacemos, con lo que compartimos en nuestro fin de semana y lo que vivimos diariamente en nuestras relaciones.
SANTIAGO 2, 14-24
“Hermanos míos, ¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si sus hechos no lo demuestran? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe? Supongamos que a un hermano o a una hermana les falta la ropa y la comida necesaria para el día; si uno de ustedes les dice: Que les vaya bien, abríguense y coman todo lo que quieran, pero no les da lo que su cuerpo necesita, ¿de qué les sirve? Así pasa con la fe: por si sola, es decir, si no se demuestra con hechos, es una cosa muerta.
Tal vez alguien dirá: Tú tienes fe, y yo tengo hechos. Muéstrame tu fe sin hechos y yo te mostraré mi fe con mis hechos. Tú crees que hay un solo Dios, y en esto haces bien; pero los demonios también lo creen y tiemblan de miedo. No seas tonto y reconoce que si la fe que uno tiene no va acompañada de hechos es una fe inútil. Dios aceptó como justo a Abraham, nuestro antepasado, por lo que el hizo cuando ofreció en sacrificio a su hijo Isaac. Y puedes ver que, en el caso de Abraham, su fe se demostró con hechos, ya que por sus hechos llegó a ser perfecta su fe. Así se cumplió la escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y por eso Dios lo aceptó como justo. Y Abraham fue llamado amigo de Dios.
Podemos ver que Dios declara justo al hombre también por sus hechos y no solamente por su fe”.
Muchas veces nos pasan cosas que derrumban nuestros principios. Decimos que somos pacientes, pero cuando salimos en nuestro carro tratamos mal o insultamos al que se nos atraviesa en la vía. Creemos que cumplimos con los Mandamientos pero nos piden una limosna y soltamos un discurso a quien nos la pide invitándolo a que trabaje en lugar de pedir. Pensamos que entendemos a los demás, pero en nuestro sitio de trabajo criticamos a lengua suelta al que no hace las cosas como a nosotros nos parece. Exigimos a nuestros hijos mucha educación, cultura y principios, pero en el bus o en el metro no damos el puesto a una mujer embarazada, o a un anciano o a otro pasajero con un niño en brazos.
Hoy en día vivimos una situación difícil en Encuentro Matrimonial Mundial, cada vez son menos los Fines de Semana que compartimos y cada vez en ellos hay menos parejas o matrimonios sacramentados, y menos sacerdotes viven la experiencia. Cada vez es más difícil invitar y cada vez, también, son menos los matrimonios realmente interesadas en vivir el Fin de Semana y en mejorar su relación matrimonial, más bien se preocupan mucho más por otras cosas, en realidad menos importantes y menos valiosas para su vida.
Y nosotros como Apóstoles de Jesús, ¿Qué estamos haciendo para mejorar esto?
¿No será que, como nos dice Santiago en su carta, tenemos fe en lo que podamos lograr en Encuentro Matrimonial pero no tenemos obras para vivir esa fe?
Los invitamos a todos a que reflexionemos sobre esto y a que seamos coherentes y congruentes con nuestro pensar y actuar dentro del movimiento. Estamos seguros que esto nos proporcionará un mejor resultado en la invitación a nuevas parejas sacramentables, a muchos matrimonios sacramentados y a sacerdotes en la difusión mundial de este sueño por el cual trabajamos.
Consejo Latinoamericano, Agosto 2007
Autor: P. Peter Coates, es.catolic.net
Vean a sus hijos adolescentes en el teléfono, lo importante es la comunicación, estar enlazado, no tanto el contenido. La comunicación en el matrimonio es difícil pues batallamos mucho para escuchar. Es el reto de los esposos. Alguien decía que cuando Dios nos hizo, nos hizo con 2 orejas y 1 boca, porque escuchar es doblemente más importante y difícil. No escuchamos.
Cuentan la historia del señor que empezó a pensar que su esposa se estaba volviendo sorda. Llega a su casa por la puerta de atrás y dice ¿Anita me escuchas? Se acerca más y dice ¿Anita me escuchas? Se voltea entonces Anita y le contesta: “¡Ya van 3 veces que te digo que sí!”
La comunicación es un ejercicio de escucha y se escucha no tanto con la oreja, sino con el corazón. Para poder escuchar a una persona, uno debe pensar que lo que una persona debe decirme es más importante de lo que tengo en mi cabeza.
Para escuchar hay que sacrificarse, para poner atención, para tener empatía, uno tiene que prescindir de uno mismo. Por eso no escuchamos y se dificulta la comunicación.
La comunicación es difícil porque no hay tiempo. Les quiero compartir la reflexión intitulada “La triste esposa de un marido modelo”. A las parejas cuando se casan les recomiendo dedicarse una noche a cenar solos para darse tiempo. El negocio más importante que tienen es su matrimonio del que depende su familia. Si esto no funciona, los hijos no funcionan y si la familia no funciona, uno no funciona. Vale la pena invertir ese tiempo.
Otro problema de la comunicación es no saber decir las cosas. Hay un artículo genial, que es como la versión del Vaticano para poder criticar para que lo hagan a gusto, es de un autor que ofrece reglas sobre cómo criticar:
a) No tiene derecho a criticar el que no alaba habitualmente.
Un padre que nunca alaba lo que hace bien su hijo, que derecho tiene a regañarlo. El que siempre está dispuesto a la alabanza y se ve obligado a criticar, entonces se puede. Si sólo buscas el punto negro en la pared, si sólo criticas negativamente a los demás pierdes tu derecho de criticar. Analizar si soy constructivo, positivo, resalto los logros, sé alabar.
b) No se debe criticar nada que no se ame.
Criticamos a los gobernantes y a la Iglesia, al hijo y al esposo, cuanto más les demostremos nuestro amor. La critica del enemigo no crea ni aporta nada. Antes de hacer la crítica pregúntate si ésta nace del amor o de la amargura. Si nace de la amargura no la hagas, no sirve para nada.
c) Cuando se critica lo que se ama, se critica con amor.
Con tanta delicadeza como la que se usa para curar una herida. Puede haber un desahogo del que critica. El que critica con saña, solo irrita. El que no ama, no tiene derecho a criticar. Esta es la falta más común. No es lo que se dice, sino la forma de decirlo. Se pueden decir las verdades más dolorosas, pero con delicadeza se acogen y hacen un bien. Cuando se dicen las cosas con sarcasmo, amargamente, con ganas de ofender y herir, estás perdiendo el tiempo, te estás desahogando, pero no estás construyendo.
d) Nunca debes formular una crítica sin que antes el propio crítico se haya preguntado por la parte de responsabilidad que se tiene en lo que se critica.
Compartir nuestro error también en lo que criticamos. Cómo regañar a un hijo que llega tarde a casa, sin ver que tal vez la convivencia en casa no es agradable. El criticado entenderá mejor su error, no será una agresión.
Seguir estas reglas permitirá mejorar la comunicación en el matrimonio.
Fuente: Catholic.net
Autor: P. Antonio Rivero
1. Amarás en sus cuatro dimensiones.
2. Respetarás a tu cónyuge.
El respeto se pierde por:
3. Te comunicarás con tu cónyuge. Saber escuchar y hablar. No es mera charla, sino sacar todo lo que hay en el interior.
4. Te desvivirás en detalles para con tu cónyuge (esa flor, ese gesto, esa palabra que sabes que le gusta).
5. Cultivarás el sentido del humor. La vida no es una comedia, pero tampoco una tragedia. Es un drama, con cosas buenas y malas.
6. Regalarás a tu cónyuge un día de paseo al mes, los dos solos, sin los hijos.
7. Vivirás el matrimonio no como una meta, sino como un camino. Si lo consideras una meta es como decir “ya llegué”, entonces ya todo terminó, me canso, me aburro, me apoltrono y termino con otra.
8. No sacarás los agravios, defectos y fallos a cada rato. Lo pasado, pisado.
9. Sabrás perdonar, incluso la infidelidad.
10. Confiarás en tu cónyuge. Los celos matan el matrimonio. Estos Diez Mandamientos deben sustentarse en Dios, sino son muy difíciles de cumplir.
1) Reflexionar en lo sagrado del matrimonio a los ojos de Dios
Es una camino de realización personal y es sagrado porque viene de Dios, y lo que Dios quiere es siempre bueno. Es sagrado porque Cristo lo elevó a sacramento. Es el símbolo del amor de Dios a la humanidad. Es muy provechoso leer la carta a los Efesios.
2) Estar dispuesto a dar y a recibir
Cada uno tiene un tesoro que debe estar dispuesto a compartir con el otro, cada uno tiene características propias que debe poner al servicio del otro. La mujer es más intuitiva, generosa, delicada, tierna, con más tacto. El hombre es más pragmático, racional, firme. Mutuamente deben compenetrarse y complementarse en las carencias de cada uno. Hay que dar y recibir. Si sólo damos, nos vaciamos; si sólo recibimos, somos egoístas. El amor es dar y recibir.
3) Desvivirse en detalles para con el otro
El detalle es la esencia, el extracto del amor. Dime qué detalles tienes con tu esposo/a y te diré cómo es tu amor.
Detalles que una mujer pediría a su esposo:
Detalles que un esposo pediría a su mujer:
4) Respetar las características del otro
No podemos cambiar las características del otro, al contrario, debemos enriquecernos de ellas. El otro es distinto de ti, por lo tanto respétalo. El respeto significa: capacidad de perdonar, apertura, no estar viendo los defectos del otro, comprensión. El respeto se puede quebrar de tres maneras: con la palabra (dura, grosera, soez), por actos (agresión física) o con gestos (caras largas, desprecios, silencios elocuentes). Hay que saber ver las virtudes del otro y halagarlas.
5) Evitar discusiones innecesarias
Las discusiones innecesarias desunen y destruyen la armonía familiar. No se debe discutir, se debe analizar. Con las discusiones se ganan enfados, nervios, malos ejemplos a los hijos, visitas al psicólogo o al psiquiatra.
6) Superar el pasado para no volver las páginas de agravios del otro
Fuiste, me hiciste, dejaste de hacer, te lo decía, son frases de reproche. Lo pasado hay que perdonarlo con grandeza de alma. Sobre el pasado se debe construir un futuro de amor y perdón. Si se sacan continuamente los agravios, la herida no cura, no cicatriza, sigue supurando y termina con tensiones.
7) Dominar la tendencia a controlar, vigilar al cónyuge
¿Qué hiciste, con quién estuviste?. El matrimonio tiene que tener como base la confianza en el otro. Si continuamente se desconfía del cónyuge, se tiene miedo a la infidelidad, se vive con celos, ese matrimonio es un tormento. El cónyuge no debe ser nunca policía del otro cónyuge, sino compañero y amigo.
8) Cultivar el sentido del humor
El buen humor oxigena al matrimonio. La vida no es una tragedia ni tampoco una comedia, es un drama con cosas buenas y malas. El humor logra un buen nivel de higiene mental. La persona sin humor se vuelve suspicaz, malhumorado, susceptible. El buen humor hace crecer en armonía y calma el matrimonio.
9) Gratifica a tu esposo/a con un día azul y cada año con un buen regalo
Hay que romper la monotonía, la rutina. Hay que salir a pasear con la esposa e hijos, llevarlos a comer a algún lado, regalarles algo sorpresivamente sin tener que esperar a cumpleaños, aniversarios, etc.
10) Integrar todos los aspectos del amor (afectivo, amistoso, sexual, espiritual)
Afectivo: el amor afectivo comunica ternura ¿Qué es la ternura? Es ese meterse en el estado de ánimo del otro, compartir ese ánimo ¿Cómo es posible que el esposo/a no se de cuenta que el otro cónyuge está enfermo, triste? ¿Por qué? La ternura se acerca al alma para dar comprensión al otro, es altruista, es deseo de comprensión, de aceptación del otro. En cambio la sensualidad es egoísta, busca su propio placer, su propio interés de goce. El amor afectivo en el matrimonio se manifiesta a través de una caricia noble, una sonrisa. Es desinteresado.
Sexual: el sexo es un instrumento que ha puesto Dios para dos finalidades: procrear (comunicar vida) y para crecer en el amor, en la entrega dentro del matrimonio. De esta manera el sexo se convierte en un lenguaje interior profundo con el ansia de transmitir al otro lo que somos. Es la entrega de toda la persona, si no se da esto, es pura satisfacción. La pornografía distorsiona el sentido del sexo. El cuerpo no es un bien de consumo, es instrumento de diálogo profundo de dos personas. Freud dijo: ¨todos los males que nos acontecen nos vienen por reprimir al sexo¨ y aconseja darse el gusto. Es evidente que esta afirmación no es cierta. Pero a su vez la Iglesia tiene su regla sobre la vida sexual la cual debe ser: serena, equilibrada, sana y dentro de los cauces de la dignidad humana. El sexo dentro de la pareja, del noviazgo no debe ser lo más importante, lo único. Si estas relaciones comienzan así van por mal camino ya que divinizan, entronizan al sexo. El sexo es un medio para el fin que ya explicamos antes. Convertir el sexo en un fin en sí mismo es un error.
Amistoso: amar al otro como persona, respetarlo como tal. Encontrar en el otro un otro yo con el cual compartir alegrías, tristezas, gozos, dudas. Es el amor que de da al otro en la intimidad de la persona. Una persona digna a la que nos damos, nos revelamos. Amar al otro buscando, queriendo, protegiendo, defendiendo el bien del otro. El amor de amistad dice: yo te quiero porque eres tú, te hago feliz porque te quiero, mientras que el egoísta dice: me haces feliz porque me satisfaces. El egoísmo es el gusano del amor. Tener un amigo es tener un tesoro, quien lo encuentre que no lo pierda. Es un amor firme cuando estamos débiles, alegre cuando estamos tristes. Cristo es nuestro mejor amigo, luego debe seguir el cónyuge con el cual vamos a compartir nuestra existencia.
Espiritual: amar al otro porque es hijo de Dios, es hermano en Cristo y tenemos que amarlo con las mismas características del amor divino: con amor de perdón, abierto, que anima, que reparte todo lo que tiene, que sabe ver detrás no sólo al esposo/a sino a un hijo de Dios. Dios ama a todos con amor espiritual y lo trajo a la humanidad a través de Cristo para que así podamos amarlo mejor y amar a los hombres por amor a Dios. Este amor se aumenta con oración y sacramentos. Quien más ora, más amor espiritual tendrá. Si no se da esta dimensión espiritual, las otras dimensiones se caen.